Día Nacional por la Verdad y la Reconciliación: Sanar las Heridas del Pasado

By Sue Prince | 30 de septiembre de 2022

El 30 de septiembre de cada año, los canadienses conmemoran el Día Nacional por la Verdad y la Reconciliación y el Día de la Camisa Naranja con el fin de rememorar el sufrimiento de los niños Indígenas que asistieron a las escuelas residenciales del país entre mediados del 1800 y 1996.

Para mí, como persona indígena, es el momento de reflexionar y sanar.

Las escuelas residenciales fueron financiadas y operadas por el gobierno, junto con varios grupos religiosos, entre ellos las iglesias Católica Romana, Anglicana, Metodista y Presbiteriana, con el fin de convertir a los niños Indígenas al cristianismo y forzarlos a abandonar su propia cultura y adaptarse a la sociedad canadiense. Se calcula que más de 150.000 niños fueron separados de sus familias y alojados en escuelas residenciales. Allí, fueron obligados a cortarse el cabello y les prohibieron hablar sus idiomas, y sufrieron abuso físico, psicológico y espiritual. Lamentablemente, muchos nunca volvieron a sus hogares. Se calcula que 6.000 niños murieron por enfermedades y otras causas mientras estaban en las escuelas. Los registros de esa época no se conservaron o fueron destruidos, por lo que es difícil conocer el número exacto y todavía se siguen descubriendo tumbas anónimas.

En ese entonces, los agentes indios eran algo normal en nuestras comunidades. Nos decían qué hacer y qué no hacer. Llegaban y separaban a los niños de sus padres y se los llevaban a escuelas residenciales. Quienes no entregaban a sus hijos podían terminar en la cárcel o sin poder acceder a ciertos productos básicos. Los puestos de intercambio locales, donde se podía conseguir harina, azúcar y otros alimentos, no los atendían. Ese era el poder que tenían los agentes indios sobre nuestro pueblo.

Algunas familias tomaban a sus hijos y huían para esconderse en la vegetación. Otros escondían a sus hijos en muebles u otros lugares donde el agente indio no pudiera encontrarlos. Otros permitían que sus niños fueran porque pensaban que era mejor para ellos que se integraran a la sociedad canadiense. Una sobreviviente, Phyllis Webstad, recuerda que con 6 años le quitaron toda la ropa en el primer día de escuela, incluso una camisa naranja nueva que le había regalado su abuela. Nunca la recuperó. Webstad escribió dos libros infantiles, The Orange Shirt Story y Phyllis’s Orange Shirt, que dieron origen al Día Nacional de la Camisa Naranja, en 2013.

Una mujer me contó que su madre le había hecho un tatuaje en la mano con tinta y una aguja, un punto, porque sabía que si su hija volvía, era posible que no la reconociera. Es increíble. Hay un libro llamado Up Ghost River, de Edmund Metatawabin y Alexandra Shimo, que describe cómo una escuela construyó una silla eléctrica que no mataba a los niños, pero les daba una descarga eléctrica. Una terrible conmoción. Es un libro muy triste. En última instancia, las escuelas fueron parte de un plan más amplio de genocidio, que intentó arrancar lo indígena de los niños y asimilarlos en la sociedad occidental.

Sus efectos se sienten todavía hoy.

Todas las personas Indígenas de Canadá son sobrevivientes de las escuelas residenciales de primera, segunda o tercera generación. Yo soy de segunda generación. Mi mamá era Ojibway y mi papá era alemán. Cuando se casó con mi papá, mi mamá perdió su condición de indígena; fue emancipada y perdió sus derechos Aborígenes y los derechos garantizados por los tratados. En ese entonces, las leyes eran muy discriminatorias. En 1985, la ley C-31 enmendó la Ley Indígena en un primer intento por abordar la discriminación de género de la ley. Mi mamá se volvió a registrar con su grupo y recuperó su posición. Ella era una persona muy reservada, a causa del trauma generacional de mis abuelos. Mi abuela asistió a una escuela residencial, pero yo no lo supe por mucho tiempo. Me dijeron que era huérfana y que la habían criado unas monjas. Ni siquiera sé su apellido verdadero. Mi abuelo era un curandero. Las personas acudían a él cuando estaban enfermas y él usaba plantas, la medicina de la tierra, para tratarlas. Solía creer que mi familia no había sufrido el trauma de las escuelas residenciales, pero resulta que fue así. Todos compartimos ese trauma. Yo todavía lo cargo conmigo, porque está en nuestros genes.

Mi suegra, que ha vivido con nosotros por 25 años, también fue a una escuela residencial. Es muy tímida y nunca se queja. También es muy generosa y sabia. Habla Ojibway y nos ha contado las cosas que puede sobre nuestra cultura. Gracias a ella sé más sobre nuestra gran ley natural y nuestras enseñanzas sagradas.

Mi pueblo viene de esta tierra y mi familia vive en una comunidad Indígena, lo cual me mantiene humilde y me permite vivir la vida en equilibrio. Nuestro hogar está en el lago Mattagami, lo cual es interesante porque, como mujer indígena, tengo la responsabilidad de proteger el agua. Ella nos da vida.

Experiencia de Hatch

Me contrataron como Gerente de Participación Comunitaria el 6 de junio de 2022; soy bastante nueva en la empresa. Antes de eso, trabajé 14 años en Ontario Power Generation (OPG), donde ayudé a desarrollar y mantener relaciones con las comunidades Indígenas.

No trabajaría para Hatch si no tuviera valores similares a los míos. Cuando trabajaba en OPG, colaboré con Hatch en el proyecto Lower Mattagami River. Recuerdo que el personal de Hatch me hizo preguntas sobre las comunidades indígenas locales cercanas al proyecto. Hatch quería interiorizarse sobre sus intereses y su cultura, y mostró su deseo de trabajar en toda la industria y con las comunidades. Eso fue hace más de dos décadas.

Por lo que he visto, las comunidades indígenas respetan la forma en la que Hatch trabaja. Nuestra Práctica de Participación Comunitaria se esfuerza por entender la conexión de la comunidad con la tierra y con su cultura. Y lo hacen porque es lo correcto.

De cara al futuro

El 30 de septiembre, las personas en toda Canadá vestirán Camisas Naranjas y observarán el Día Nacional para la Verdad y la Reconciliación. Me gustaría que todos entendieran que Canadá no ha hecho un buen trabajo a la hora de reconocer su verdadera historia con los pueblos Indígenas y hay muchas fuentes de información disponibles al alcance de todos. Y también quisiera que entiendan que los pueblos Indígenas necesitan aliados y que el apoyo puede manifestarse de muchas formas. Por ejemplo, pueden apoyar los negocios indígenas. Hay muchos negocios indígenas y, como somos parte de una sociedad en la que podemos trabajar y comprar en cualquier parte a través de internet, podemos apoyarlos. Además, quisiera que sepan que, si viven en Canadá, es probable que vivan en un área respaldada por un tratado. Viven en el territorio de una Nación Originaria y hay recursos para averiguar dónde están los negocios indígenas.

Finalmente, creo que los padres deberían hablar con sus hijos sobre la historia de Canadá y los pueblos indígenas. Pregúntenles qué aprendieron en la escuela. Es importante que aprendan matemática e inglés, pero también es importante que conozcan su país, su historia y las contribuciones de los pueblos indígenas, así como el sufrimiento que han padecido. Las escuelas residenciales fueron un gran dolor.