El futuro energético de África: antes de la transición debe haber acceso

Escrito por Peter Viljoen|29 de mayo de 2025
Africa's Energy Future

Antes de hablar de transición energética en África, debemos abordar una cuestión fundamental: el acceso. De los 1500 millones de habitantes del continente, aproximadamente 600 millones aún no tienen acceso a la electricidad. Para estas comunidades, la noción de la “transición” a una energía más limpia es irrelevante. Su problema no es el reemplazo, sino la primera conexión.

Incluso en las regiones electrificadas, el acceso es desigual. Solo tres países—Sudáfrica, Egipto y Argelia— representan más del 50 % de toda la electricidad que se consume en el continente. En cambio, muchos otros países deben lidiar con tasas de electrificación de un solo dígito. Mientras que la atención del mundo se centra en el papel potencial de África en la transición energética, es otra la pregunta que debiéramos hacernos: ¿Cómo suministramos energía—limpia, segura y asequible— a quienes nunca la han tenido?

Un continente de contrastes
África no es un solo mercado. Son 54 países, cada uno con una historia energética propia que refleja una dotación única de recursos, niveles de madurez de la red, rezagos en generación y dinámicas políticas. Ningún método de transición puede aplicarse como solución única; algunos países, como Etiopía y Kenia, ya operan con sistemas eléctricos que generan casi cero emisiones gracias a la abundancia de la energía hidroeléctrica, geotérmica y otras fuentes renovables. Otros, como Sudáfrica y Argelia, dependen en gran medida de los combustibles fósiles.

Esta diversidad exige una visión más granular y específica de cada país de lo que significa la “transición energética” en la práctica. El 20 de mayo de 2025, el ministro de Electricidad y Energía de Sudáfrica, el Dr. Kgosientsho Ramokgopa, pronunció un discurso en la Conferencia Enlit en Ciudad del Cabo en el que puso de relieve la necesidad de soberanía energética y un planteamiento equilibrado:

“Cada vez somos más conscientes —si no lo éramos antes— de que los países persiguen intereses soberanos. Así pues, todo está subordinado a los intereses soberanos.”

Una verdad inquietante es que la colaboración internacional —en especial, en ámbitos como el cambio climático y la energía— suele esconder una verdad más fundamental: las naciones actúan principalmente en su propio interés. Es el reconocimiento de que nadie vendrá a salvar a la nación lo que nos hace plantear la pregunta: ¿Qué significa esto para la transición energética de Sudáfrica?

Sudáfrica genera el 26 % de toda la electricidad de África y alrededor de esta 80 % proviene del carbón. Con una red madura y cuantiosas inversiones irrecuperables en nuevas centrales de carbón (Medupi y Kusile cubrirán conjuntamente el 30 % de la demanda actual), no puede abandonar los combustibles fósiles de la noche a la mañana. La descarbonización dependerá de una secuencia pragmática:

  • Implementación continua de las energías renovables
  • Expansión de la red
  • Implementación del almacenamiento de energía
  • Capacidad de gas flexible
  • Posibles importaciones de hidroelectricidad desde estados vecinos.

Comparemos esto con Etiopía, donde casi el 95 % de la electricidad procederá de fuentes renovables una vez que la Gran Presa del Renacimiento Etíope esté plenamente operativa a fines de este año. O con Kenia, donde la geotermia encabeza la mezcla con el 49 %, mientras que la hidroelectricidad y la energía solar dan cuenta del resto. Estos países no están en transición, ya lo lograron.

El riesgo oculto
Aunque las energías renovables son fundamentales para la sostenibilidad de África a largo plazo, vienen con una advertencia. La intermitencia sigue siendo una limitación real —diaria y estacional, con variabilidad a lo largo de los años, especialmente en el caso de la energía hidroeléctrica. Los bajos niveles de agua registrados en el último tiempo en el río Zambeze, que han afectado gravemente al suministro eléctrico en Zambia y Zimbabue, son un ejemplo aleccionador.

Esto subraya la importancia de un diseño de sistema resiliente: la capacidad firme, la integración eléctrica regional y las soluciones estratégicas de almacenamiento serán fundamentales para mantener la confiabilidad mientras el aporte de las energías renovables sigue creciendo. Tecnologías como el almacenamiento de energía en baterías (BESS, por sus siglas en inglés), el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo y las centrales térmicas de gas serán indispensables, no como alternativas a las renovables, sino como sus facilitadoras.

Una nueva oportunidad para los rezagados
Para los países que en la actualidad presentan una electrificación mínima y una capacidad instalada pequeña (a menudo de <1 GW), existe una oportunidad única de dar un salto cuantitativo. Estas naciones no están atadas a infraestructuras heredadas. Así como los teléfonos móviles dejaron atrás a las líneas fijas, estos países podrían implementar sistemas y microrredes renovables distribuidos desde un principio y, con ello, evitar los errores de los sistemas centralizados y basados en combustibles fósiles.

Sin embargo, esta visión debe estar fundamentada en el realismo. No todos los países tienen abundante energía hidroeléctrica o condiciones solares confiables. Para algunos, la electrificación a corto y mediano plazo podría requerir gas local, o incluso carbón, antes de que las energías renovables logren ser económicamente viables a escala. Justicia energética significa elegir la solución correcta, no la ideal.

El elefante en la habitación
El discurso del ministro Ramokgopa’ exige una reformulación fundamental de la estrategia. Pide a los líderes y las instituciones africanos que actúen menos como receptores de la buena voluntad mundial y más como arquitectos de su propio futuro energético.

En los mercados donde la población en general no puede pagar tarifas que reflejen los costos, la generación más barata podría imponerse a la que genere menos emisiones de carbono, sobre todo cuando esta última exige un sistema de almacenamiento costoso o la modernización de las redes. El futuro energético no solo debe ser ecológico, sino también equitativo.

Equilibrar urgencia con realidad
En la actualidad, África genera solo el 4 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Su papel en la conversación energética global no debe definirse por la culpabilidad, sino por la oportunidad. Pero no confundamos transición con acceso. El acceso universal a la electricidad sigue siendo el motor más potente del crecimiento económico y el desarrollo humano. Debemos buscar la descarbonización, sí, pero no a costa de dejar a 600 millones de personas a oscuras.

Ahora que África se encuentra en la encrucijada del desarrollo y la descarbonización, el camino a seguir debe ser inclusivo, pragmático y asequible. Sea legislador, inversionista, innovador o promotor de la electrificación, ahora es el momento de actuar. Póngase en contacto con nosotros para explorar cómo podemos impulsar juntos el progreso en África.

Nuestras perspectivas

Más conversaciones sobre los desafíos más grandes del mundo

Más blogs